jueves, 16 de enero de 2014

Villa Chicken: Una buena alternativa

Generalmente, cuando hablo de pollos a la brasa mi punto de referencia es el Pardo’s. Desde que lo conocí no me ha defraudado –aunque en ocasiones el incremento de sus precios me asustaba– en cuanto a sabor y atención; pero, evidentemente, no es la única pollería que merece ser visitada. Existen otras que uno va descubriendo y que se acercan a la calidad del Pardo’s y pueden constituirse en una buena alternativa cuando uno busca algo diferente.

Esa alternativa de la que hablo es el Villa Chicken.

La primera que visité fue la que se encuentra en la Av. La Mar, detrás del centro comercial Plaza San Miguel. Creo que caí en la pollería porque sencillamente me dio ganas de probar algo distinto y el local de Villa tenía una buena apariencia. Así que me animé a entrar.

La atención es acorde con el estándar, es decir, te recibe una anfitriona que luego te sitúa en una mesa de acuerdo a la cantidad de comensales. Luego un mozo se acerca a tomarte el pedido. El local es adecuado, tiene una buena apariencia y está bien situado.

Como siempre, pido un pollo a la plancha o lo más cercano a él que se encuentre en la carta. El plato que me trajeron pueden verlo en la foto. Aparentemente, no es muy abundante pero la verdad es que sí es suficiente para una cena. La ensalada no es muy abundante que digamos pero sí tiene un buen sabor, además junto con el plato te traen un pequeño envase de vinagreta –que se puede ver a un lado del plato– que puedes echar sobre la ensalada para darle más sabor. La verdad es excesiva la cantidad de vinagreta para el tamaño de la ensalada, pero es preferible que sobre a que falte.

Las papas tienen un sabor agradable y el pollo también se encuentra bien servido, es suave y tiene un cierto sabor, no muy fuerte ni muy ligero, lo adecuado para un pollo a la plancha, a mi parecer.

También pedí una ensalada. En la carta no tienen ensaladas que uno pueda comer como un plato individual –
como sí las tiene Pardo’s, por ejemplo– sino ensaladas para acompañar al pollo a la brasa. Sin embargo, pedí una ensalada preguntando al mozo si podría comerse como un plato individual. Me dijo que sí así que me trajo la ensalada que se puede ver en la foto.

También es agradable y se puede comer individualmente aunque va a quedar muy grande para una sola persona, por lo menos para el tipo de personas que pide sólo una ensalada para no comer mucho. Esta ensalada la pedí pensando en la Festiva de Pollo que es la que siempre pido en la otra pollería y, la verdad, puede ser un reemplazo exitoso de ese plato.

La experiencia fue agradable y sin duda volvería. Los precios son similares o un poco menores que el del Pardo’s y sí invitaría a los amigos a cenar ahí.


viernes, 10 de enero de 2014

Last Vegas: el último viaje a Las Vegas

Debo confesar que lo que más me atrajo de la película, en un inicio, fue el calibre de los actores que iban a actuar en ella. Morgan Freeman, Robert de Niro, Michael Douglas y Kevin Kline difícilmente creo que acepten actuar en una película con una mala historia, así que eso me animó a verla; además, presentí que tendría algo de The Hangover, y no me equivoqué. Aunque, felizmente, la juerga no es lo que vas a recordar de esta película.




Los gringos tienen la rara particularidad de insertar una pequeña historia interesante incluso en películas de las cuales no tienes mayores expectativas. Ingresé a la sala del cine con el objetivo de entretenerme un rato viendo divertirse a estas glorias del cine pero al final me quedó en el recuerdo una simpática historia de lealtad (a lo largo de 60 años) y de amor al final de la vida.

Cuatro hombres que se conocen prácticamente desde niños llegan a la tercera edad de distintas maneras. Uno se encuentra felizmente casado, otro es ya un abuelo que ha pasado por un infarto cerebral, el tercero es un reciente viudo amargado y el cuarto es un solterón viejo pero adinerado que ha encontrado una chica de base tres con la que desea casarse.

La trama de la película se basa en la reunión de estos cuatro amigos en Las Vegas para celebrar la despedida de soltero del ricachón del grupo. Hasta ahí parece una película estilo The Hangover pero con 40 años más. La trama se pone interesante cuando se descubre el motivo por el que el viudo del grupo no deseaba ir a la celebración y cuando aparece una mujer que se interpondrá, nuevamente, en la amistad entre dos de los amigos.

Es una buena película que nos habla de la amistad a lo largo de los años y de la lealtad que ésta conlleva. Claro, todo se encuentra amenizado con ocurrencias por parte de los ‘ancianos’ y la presencia del juerguístico Stefan Gordy (o sea, RedFoo) de LMFAO –y si no te suena el nombre mira este video– y Curtis Jackson (o sea, 50 Cent) a quien ‘chotean’ de la despedida de soltero.

Sí, la volvería a ver.

miércoles, 8 de enero de 2014

Un extraño sueño

Estaba en el antiguo departamento en el que vivía con mis padres. Me encontraba en la sala y escuché que alguien tocaba a la puerta, me asomé por la ventana y vi que eran mis dos abuelos. Les abrí la puerta y ellos entraron con total normalidad. Mi madre huyó hacia su habitación llena de miedo pues mis abuelos habían muerto ya hace algunos años.

Mi abuela, ya dentro de la sala, me dijo “no te preocupes, vinimos porque tu abuelo quería saludarte”. No me sentí asustado a pesar de ver a mis dos abuelos fallecidos y la naturalidad con la que se comportaban me dio tranquilidad.

Entré al cuarto donde se encontraba mi mamá y la tranquilicé. Le dije que los abuelos habían venido porque querían saludarnos, sólo eso. Cuando salí nuevamente a la sala encontré a mi hermano, y él me repitió lo mismo. “Los abuelos han venido porque querían saludarte”, me dijo, sonriente.

Me sentí bien, tranquilo, en paz.

Me acerqué a los abuelos y mi abuela me dijo señalando con la mirada a mi abuelo. “Quiere saludarte”. Y vi que mi abuelo –que no había dicho nada– extendió los brazos y me hizo un gesto como indicándome que le abrazara.

Lo abracé y no sentí miedo, simplemente me desperté.

lunes, 6 de enero de 2014

Las intenciones de Año Nuevo

Los cambios de año traen consigo una serie de actividades que se consideran ‘obligatorias’. Salir, ir de fiesta, trasnochar, en fin, hacer de esa noche del 31 de diciembre algo inolvidable es una obligación que nos hemos impuesto socialmente. Pero junto con estas actividades ‘divertidas’ también nos hemos impuesto el análisis de lo que hemos hecho con nuestras vidas durante el año que pasó y lo que planeamos hacer con ellas en el año que llega.

Pero, no siempre tenemos planes.

De hecho, me considero parte del grupo que no se plantea metas todos los años, quizás sólo lo hago en aquellos en los que considero que es necesario realizar un cambio importante, pero no en todos. Un grupo de años los he pasado simplemente con el ánimo de que sea mejor que el anterior. Recordé esto recientemente cuando, durante una reunión con unos amigos, alguien lanzó la pregunta.

viernes, 9 de agosto de 2013

Scary Movie 5: Una alternativa a no ver nada

La primera vez que vi Scary Movie casi muero de la risa. Aunque se notaba que eran partes ensambladas de parodias de distintas películas de terror –aunque en esta entrega no todas son de ese género– se podía ver en ellas ‘algo’ de continuidad, un minúsculo hilo conductor que hacía un poco verosímil el título de película. Creo que ese atisbo de lógica casi se ha perdido en la quinta parte.

Debo confesar que no he visto todas las películas de las que se mofan en la entrega 5 pero algo similar me pasó con las anteriores; sin embargo, el resultado no es el mismo. Scary Movie 5 tiene un inicio alentador con dos ‘locos’ de Hollywood como lo son Charlie Sheen y Lindsay Lohan pero de ahí en adelante la película se centra en dos personajes y su familia y es ahí donde decae el interés.

No sé si será obra de la recurrencia de ver estas películas pero muchas de las bromas resultaron bastante predecibles. Quizás los momentos más altos de esta parte de la película fueron aquellos que se dieron en las secuencias con cámara rápida entre el padre de la familia y la señora latina que los ayuda con la casa.

Creo que una evidencia de que no es sólo mi percepción es que no oí las sonoras carcajadas que se dieron con la primera Scary Movie a pesar de que la sala del cine se encontraba llena de adolescentes de risa fácil. Simplemente, no fue lo mismo.

No sé si recomendarla, considero que sería una buena alternativa a quedarse fuera del cine sin hacer nada, pero nada más.


sábado, 6 de julio de 2013

Don Belisario: aceptablemente bueno

Luego de una fuerte campaña en el Facebook era difícil no conocer a Don Belisario, la cadena de pollos a la brasa que tiene como ícono a un pollo campechano. La verdad, al inicio sus posts me animaron a visitar alguno de sus locales pues las fotos de los platillos se veían bastante bien y la expectativa que generaba entre los futuros comensales iba en aumento. Pero luego, personas que conocía de manera personal o virtual comenzaron a postear los aspectos negativos de Don Belisario. Di marcha atrás en mis deseos de visitar la cadena.

Así transcurrieron algunas semanas; sin embargo, creí que lo más conveniente sería verificar por mí mismo si las percepciones que había leído eran certeras. Un conocido blogger, Renzo de El Vicio de Comer, había posteado un comentario negativo de su visita –el título de su post lo dice todo: “Yo le digo no a Don Belisario”– y un amigo, al que sí conozco en persona, me dijo que lo mejor que tenía el pollo de Don Belisario eran las papas. Estas opiniones iban a contrapelo de otras que podía encontrar en la página de Facebook de Don Belisario que sí eran positivas.

Tenía que ir.

sábado, 15 de junio de 2013

Viejo, mi querido (y habilidoso) viejo

Debo confesar que cuando me encontraba en el colegio era mi padre el que, en (varias) ocasiones, me ayudaba con el curso de “Formación Laboral”. Aquel curso –que no tenía relación alguna con su nombre– nos obligaba a desarrollar actividades tales como la construcción de un barquito de madera o el acabado de un cenicero de cerámica; actividades que, por supuesto, nunca más he tenido que repetir, menos aún dentro de mi campo laboral pues me gano la vida escribiendo en una computadora.

Pero, de todas maneras, tenía que aprobar ese curso, y mi padre me ayudó con ello.

No sé si alguno de mis sucesivos profesores del curso se habrá dado cuenta de que yo no tenía habilidad manual alguna. Mis torpes manos a duras penas podrían aprobar una de esas evaluaciones psicotécnicas en las que a uno le piden dibujar sobre una hoja de papel una persona, un ocaso o algún otro elemento para determinar nuestra lucidez. En realidad, creo que ni siquiera esos esbozos se encuentran hasta ahora dentro de lo que puedo lograr con mis capacidades.

lunes, 10 de junio de 2013

Los anticuchos de la felicidad

Ahora que la comida es un símbolo de peruanidad y que estamos dispuestos a invertir una parte de nuestras vidas en interminables filas con tal de saborear a los ‘consagrados’, recuerdo una época de mi vida en la que la comida era increíblemente deliciosa y monopólicamente mía; sin colas y sin esperas.

Ese paraíso gastronómico existía hace unos 30 años en la azotea de la casa de mi tía en Huánuco. Mi madre, mi tía, mis dos primas y yo nos reuníamos –durante mis vacaciones de colegio, en el verano– en ese escondido lugar para saborear durante horas una innumerable cantidad de anticuchos que habían sido elaborados ‘desde cero’ por mi madre y mi tía. La preparación de esos manjares tomaba todo un día –de hecho se tenía que comenzar el día anterior– pero el resultado fueron unas deliciosas tardes que han quedado en mi memoria como una marca de felicidad difícil de superar.

La casa era antigua, de quincha y adobe, aunque la mitad trasera era de cemento. En esa parte, sobre una pequeña cocina, se había acondicionado una pequeña azotea que servía para airear las ropas recién lavadas y ofrecer descanso a Perico, el simpático perro de mi tía.

La preparación de los anticuchos comenzaba con una visita al mercado central de Huánuco. Ahí se conseguían los corazones de res –dos, para dejar satisfechos a todos– y los palitos para ensartar los generosos trozos que comeríamos. También ahí se conseguían los demás ingredientes necesarios para la elaborar la salsa en la que se dejarían los trozos de corazón de un día para otro –marinar, creo que es el término– y que adquirieran ese inolvidable sabor.

sábado, 8 de junio de 2013

Mi incursión en la política

Recuerdo que hace muchos años un pariente mío decidió postular a la alcaldía de mi distrito; bueno, en realidad lo postularon fruto de su participación en una reunión partidaria en la que él era el único vecino del distrito en el que vivía.

– ¿Quién vive ahí?, preguntó, de acuerdo a otro pariente mío que participó en la misma reunión partidaria, uno de los organizadores del evento.

Mi pariente levantó inocentemente su mano.

– Tú serás el candidato entonces, organiza tu comité de campaña; le dijeron, de acuerdo siempre al mismo otro pariente.

Obviamente su “comité de campaña” era un eufemismo para referirse a los parientes y amigos que aceptaran ayudarlo en la empresa electoral. Uno de los cuales fui yo.

Mi participación fue básicamente anímica hasta bien entrada la campaña. De hecho, fue mi hermano, diestro en la confección de carteles, el que me iba poniendo al tanto de los avances de nuestro pariente.

Nuestro candidato era optimista. El alcalde de ese entonces era un acciopopulista que no había realizado una gestión que se podría considerar exitosa. El distrito no se encontraba en su mejor momento y eso abonaba a la posibilidad de ganarle en la contienda electoral.

viernes, 29 de marzo de 2013

Semana Santa

Cuando vi pasar la procesión frente a mi casa no me atreví a salir. Había mucha gente, era de noche y a los pocos años que tenía entonces sólo me quedó observar por la ventana. Cristo se veía agonizante, adolorido y los rostros de mis vecinos –de mis vecinas, especialmente– denotaban algo de tristeza. Creo que no entendía la devoción o al menos no sabía cómo encontrarla en esos rostros tristes.

No entendía tampoco porque habían matado a Jesús. Después de todo, no hizo nada malo, de acuerdo a todas las películas que había visto entonces. Jesús era el héroe que ofrendaba su vida por nosotros, pero yo no entendía porqué. Si hubiese muerto sacando del fuego a alguien, o hubiese cambiado su vida a cambio de que los romanos no mataran a los judíos lo hubiese entendido más fácilmente. Pero nadie me explicó.

Sólo cuando crecí y –hay que decir la verdad– me lo explicaron unos amigos evangélicos, comprendí el algo intrincado mecanismo que hacía que su muerte nos salvara. Entonces lo comprendí, y también entendí porqué no me habían explicado nada de chico: no lo hubiera entendido.

martes, 26 de marzo de 2013

La leva

Recuerdo que me encontraba en un autobús rumbo a Huacho por la carretera Panamericana para una reunión. Iba con unos amigos de la universidad cuando repentinamente sentimos que el bus se había detenido, luego de unos instantes unos soldados ingresaron al bus y mirando a los rostros me escogieron a mí y a otro chico. “Bajen”, nos dijeron.

El que daba las órdenes aparentemente era un sargento, o algo así, y sin esperar ninguna respuesta se bajó del bus esperando que lo siguiéramos. Cuando bajé me acerqué a uno de los soldados, el que más ‘cara de buena gente’ tenía y le pregunté qué podía hacer. “¿Tienes un documento o algo de que hayas hecho servicio?”, me preguntó. “Sí”, le dije, y volví a subir al bus para buscar en mi maleta mi libreta militar.

En Lima ‘algo’ me dijo que sería mejor llevarla ‘por si acaso’ y por ello la tenía conmigo cuando nos detuvieron. Bajé con mi libreta de la Marina en la que decía “Reserva Disponible” –había ingresado a la PUCP, así que por ello me exoneraron– y se la mostré al sargento.

sábado, 7 de julio de 2012

A mis profes

Recuerdo que durante una clase de literatura en el colegio mi profesor se ufanó de haber tenido de maestros a los más destacados literatos que podíamos mencionar. Mis compañeros comenzaron a lanzar nombres y mi profesor nos decía el curso que había llevado con él en la universidad. Yo no pude resistir el reto y pregunté por uno de los ‘maestros de maestros’: LAS.

“¿Luis Alberto?”, le pregunté. No fue necesario que dijera Sánchez, su apellido sobraba en el contexto de la conversación. Mi profesor me indicó el curso que había disfrutado con el maestro y entonces comencé a pensar cómo habría sido llevar una clase con LAS. Todo un semestre con el maestro.

En otra clase recuerdo que mi profesor de Historia dejaba a un lado el libro de texto que nos indicaba el colegio y cargaba bajo uno de sus brazos un conjunto de obras que tenía marcadas con papelitos. Las abría y nos pasaba a leer un párrafo o dos de “Los Doce Césares” o nos mostraba una foto antigua del jirón de la Unión llena de banderas extranjeras en los balcones y tomado por la tropas chilenas que ya habían entrado a Lima, durante la Guerra del Pacífico. “Nadie era peruano en ese momento en el jirón de La Unión”, recuerdo que nos dijo.

lunes, 18 de junio de 2012

El Jardín Secreto en Versalles

Cualquiera que me conoce sabe que la moda no es uno de mis temas de interés. Sin embargo, el video que recientemente Dior ha lanzado a través del portal YouTube, sinceramente, me ha cautivado.

Y no podía dejar de hacerlo. La combinación de imágenes en blanco y negro, y en color, muestran la fastuosidad de un palacio que deja impresionado a cualquiera. La estética de las imágenes es impresionante y debo confesar que la primera vez que lo vi me sorprendió. Lo observé con detenimiento varias veces y cuando lo encontraba como publicidad al buscar otros videos no me animaba a pulsar el botón que YouTube nos ofrece a los cinco segundos de reproducción para 'saltearnos' el comercial. Simplemente, me quedaba viéndolo.

Cuando dejé de encontrarme con él lo busqué adrede en YouTube. Ahí pude ver a través de los comentarios que no soy el único entusiasta con esta producción. Otros también comparten su asombro por el hecho de que un video de una marca con la que no guardaban relación los haya cautivado. Algunos atribuyen su atractivo a la locación del video (el impresionante Palacio de Versalles), mientras que otros lo hacen a la bien escogida canción que sirve de fondo a las imágenes: Enjoy the Silence de Depeche Mode. Una de mis canciones favoritas.

Creo, como lo hace un tercer grupo, que es la combinación de estos dos elementos más la maestría en la manufactura de las imágenes. Dior, Depeche Mode, Versalles. ¡Que tal mixtura!



domingo, 10 de junio de 2012

Men in Black 3, en 3D

Una de las películas que esperaba ver en estos días era Men in Black 3. Las anteriores no las había visto en el cine así que me encontraba altamente interasado en esta experiencia.

Llegué con mi delgada al cine y solo había entradas para la versión en 3D de la película. No lo dudé un instante, compré las entradas a pesar de que sospechaba, como en otras oportunidades, que la película no aprovecharía bien los efectos 3D.

Y no me equivoqué. Men in Black 3 es una película que tranquilamente se puede ver en 2D y no te pierdes de nada. Realmente, no sé para que sacan una versión en 3D de una película si no van a aprovechar esta cualidad. Pero bueno, ya estaba sentado así que tenía que disfrutar la cinta.

No es obviamente una historia que vaya a ganar algún premio en Europa o Canadá pero sí es una cinta que cumple con el objetivo: hacernos pasar un momento agradable.

Will Smith es traducido por el mismo actor que lo interpretaba en el Príncipe del Rap (al menos así se llamaba en el Perú "The Fresh Prince of Bell Air") así que eso es un punto a favor de la pelicula. También me gustó el personaje que es capaz de vivir simultáneamente varios 'espacios tiempos' (¿se dice asi?) y que ayuda a los héroes de la película.

Andy Wharhol y la explicación de su personalidad, también es un momento interesante de la película. Y no digo más porque quizás aún no la han visto y no quieren más detalles.

Solo les digo que es entretenida, que son unos buenos minutos para relajarse del día a día.

viernes, 8 de junio de 2012

La buena imagen del Perú (en el exterior)

Hace poco tiempo me reuní con un ejecutivo extranjero de una importante empresa tecnológica. Lo usual: entrevistarlo sobre las novedades que ofrecía su compañía y aclarar algunos puntos con respecto a la industria en la que se encontraba. Realmente, la entrevista fue productiva, pero lo que me llamó la atención fue lo bien que habló del Perú al inicio de la charla.

Por un momento consideré que simplemente el entrevistado buscaba quedar bien hablando maravillas del país, pero noté en su tono de voz una gran sinceridad. Es decir, realmente él pensaba que el momento por el que atravesaba nuestro país era inigualable, que las cifras macro eran estupendas y que, particularmente en su industria, el Perú representaba una 'locomotora' de crecimiento.

¿Qué? ¿Acaso no ha visto las noticias?, pensé. Por un momento me vi tentado a relatarle los problemas por los que pasamos ahora en el país pero estimé que no era conveniente ya que él se encontraba sinceramente positivo con respecto a cómo nos iba en el campo económico y hubiera sido injusto el enrostrarle un tema (nuestros conflictos sociales) que seguramente no es de conocimiento internacional.

Y siguió la entrevista. Pero me quedó la duda de cómo es que nos perciben en el extranjero.

Si antes el país era sinónimo de terrorismo y Sendero Luminoso ahora nos pasa lo contrario. Ahora el Perú es Machu Picchu -una de las Siete Maravillas Modernas del Mundo- pero también es comida y espectaculares cifras de estabilidad macroeconómica. Y si antes buscábamos decir que el Perú no es solo Sendero y terrorismo, ahora creo que me dio sinceras ganas de decirle que el país no es solo buenas cifras macroeconómicas.

Y creo que eso no es ser pesimista.

La fortaleza de nuestra economía se puede ver en Lima pero las imágenes de la televisión nos han mostrado que ese discurso no ha calado en otros lugares del país.

Basta recordar que en 2006 Humala (entonces antisistema) perdio las elecciones 'por un pelo', y que ahora tenemos más de dos centenares de conflictos sociales. Todo ello en un país 'próspero'.

Creo que debemos tomar las cifras como lo que son: cifras macro; pero en el campo micro aún vemos mujeres y niños vendiendo golosinas en prácticamente cada semáforo, y en los autobuses los vendedores ambulantes entran unos tras otros para ofrecer sus productos.

Sí, hemos avanzado. Antes un extranjero no hablaba bien del crecimiento de nuestro PBI o de las capacidades del mercado peruano. Es más, eran pocos los que venían en comparación con el número que podemos ver ahora en los hoteles capitalinos.

Sin embargo, creo que podré decir que 'sí la hicimos' el día que no haya vendedores en los semáforos, que la gente no viva entre plásticos y cartones y que el optimismo de Lima sea parte también del discurso de todas las demás regiones. Espero, como dicen las proyecciones, que en el tiempo que me queda de vida vea ese país.

jueves, 5 de abril de 2012

Recuerdos del 5 de abril

Debo confesar algo, si una encuestadora me hubiera preguntado hace 20 años si apoyaba el cierre del Congreso, habría dicho que sí.

Tenía 20 años y quería que las cosas se hicieran rápido. Dos cámaras legislativas (diputados y senadores) me parecían excesivas para la velocidad que se debería imprimir al cambio del país. Lo mejor era hacer las cosas ejecutivamente, sin tantas charlas y discursos rimbombantes.

En la universidad, la PUCP, había sido testigo también del descrédito que implicaba estar relacionado a un partido político. Recién ingresado asistí a unas elecciones estudiantiles en donde una de las peores acusaciones que podía recibir una agrupación era la de estar ligado a un partido político. La izquierda nunca se presentó en mi salón de clases, y el ARE (representante en las universidades del APRA) estaba conformada por tres felinos.

La desaparición de los partidos políticos me parecía entonces una justa consecuencia por el desastre que habían provocado en los años 80 (hiperinflación y crecimiento del terrorismo, principalmente). No merecían nada, ni siquiera que los defendiéramos cuando les cerraron la 'chamba' y los reprimían con varazos, golpes y chorros de agua.

Sin darme cuenta -o quizás sí, pero no me importaba- había dejado de creer en los partidos, en los políticos y en la forma en que se nos había presentado la democracia.

Me equivoqué.

Tarde unos meses en darme cuenta del error. Como alguien -que no recuerdo- dijo alguna vez "la democracia no es perfecta, pero es la forma menos mala de gobernar un país", o algo así.

Lo que vivimos entonces no fue la destrucción de los partidos sino de la democracia. Y lo que me había pasado fue que había caído en el camino fácil de creer que una autocracia nos podría resolver los problemas.

Ciertamente, se resolvieron algunos problemas (economía, terrorismo) pero se exacerbaron otros (corrupción, intolerancia) pero al costo de hacernos creer que la democracía es una forma inferior de vida. Cuando en realidad es todo lo contrario.

La democracia no es sencilla pues implica el respeto a la opinión del otro y la resolución de los problemas teniendo en cuenta estas diferencias. Lo más sencillo es pasar por sobre los otros para finiquitar un tema, para 'resolver' una cuestión, pero la experiencia nos ha mostrado que si hacemos las cosas 'al caballazo' luego tendremos que reparar los daños.

Lo mejor es trabajar en democracia, con respeto a la ley pero sobre todo a los demás, incluyendo su forma de pensar.

Ahora entiendo que esas personas que se enfrentaron a los policias y militares de entonces (lastimosamente, siguiendo órdenes equivocadas) no estaban defendiendo su 'chamba' sino una forma de sociedad mejor. Ciertamente, con muchas fallas que se deben resolver, pero mejor al fin y al cabo.

Lo que me queda claro de ese 5 de abril es que uno puede equivocarse pero es peor mantenerse en el error.

miércoles, 11 de enero de 2012

Una broma muy cara

No me imagino cuanto se habrá gastado para hacer este tipo de bromas. Pero bueno, el que puede, puede.


sábado, 12 de noviembre de 2011

11.11.11

Es sábado 12 y el mundo no se ha acabado, de nuevo. No recuerdo cuántos pero estoy seguro que en estos últimos años se han multiplicado los agoreros que afirmaban que el mundo se iba a terminar en tal o cual fecha. Afortunadamente, todos han fallado.

Sin embargo, lo que más me sorprende es que le hayamos dado tanta cabida y tanta atención a estas supuestas profecías. Los canales de televisión, diarios, revistas e incluso las redes sociales se movieron alrededor de este tema de la misma manera en que lo hicieron el año 2000, el año 1900, y sabe Dios en que otras tantas fechas.

El fin del mundo no se produjo y probablemente no se producirá sino hasta dentro de unos miles de años, cuando el Sol, siguiendo su natural ciclo de vida, se agrande tanto que termine engullendo a nuestro planeta. Pero ello, con seguridad, no lo veremos nosotros.

Entonces, ¿por qué tanta preocupación por el fin del mundo?

Hay gente que vive de esto. Todos ya sabemos quiénes son: ‘astrólogos, videntes, brujos y brujas’, y un largo etcétera; quienes además han recibido la entusiasta colaboración de algunos medios que han llenado sus espacios con estas noticias catastróficas.

La verdad, creo yo, es que el fin del mundo es un evento particular para cada uno de nosotros.

No debemos esperar ese evento cataclísmico que vemos en las películas de Hollywood sino el natural curso de nuestras vidas para presenciar el fin de nuestro mundo. Nuestra muerte es el fin de nuestros días, es el evento al que no podemos escapar y que le ocurre, por igual, al pobre y al rico, al africano y al asiático, al joven y al viejo. Ese es el fin del mundo.

¿Para qué entonces preocuparse de que un meteorito o asteroide destruya el planeta? El fin del mundo puede llegarnos bajo la forma de un conductor ebrio, de una grave enfermedad o de un asaltante. Y, por supuesto, el fin de nuestro mundo nos puede llegar por el simple hecho del propio envejecimiento.

Estos fines del mundo son más certeros y más directos que cualquiera de las formulas numerológicas que hayas escogido para explicar porque ayer (11.11.11) no pasó nada.

Debemos, entonces, prepararnos para nuestros particulares fines del mundo. No sabemos cuándo llegarán ni cómo se desarrollarán, pero sí sabemos que nos llegarán a todos.

sábado, 29 de octubre de 2011

Sangre, sudor y lágrimas

Durante la Segunda Guerra Mundial Inglaterra fue inmisericordemente bombardeada por la hasta entonces invencible fuerza aérea alemana. El objetivo de los nazis era minar la moral de los ingleses y destruir al gobierno del único país que detenía su avance en Europa Occidental. En medio de los edificios en llamas Winston Churchill, el primer ministro británico de entonces, soltó la famosa frase para describir lo que podían esperar los ingleses de su gobierno en el futuro cercano: “sólo les prometo sangre, sudor y lágrimas”.

Algo similar le ha ocurrido a la prensa peruana. Ella nos ha prometido regalarnos cantidades generosas de estos fluidos corporales a través de sus realities, de sus noticieros y de sus portadas en los quioscos; el caso de Ciro Castillo no ha sido sino el pico más elevado en el cumplimiento de esta promesa.

Este estado de las cosas, sin embargo, no se logró sólo a partir del esfuerzo de los medios; nosotros colaboramos aceptando una complicidad que se hizo tangible en el incremento de los tirajes y los ratings. Fuimos nosotros los que consumimos con gran entusiasmo cada espacio que nos detallara –en medio de los mensajes de los anunciantes– el infortunio de este hombre.

¿Qué fue primero? ¿Este tipo de noticias o nuestro deseo de verlas?

Con seguridad soy de aquellos que no comprenden cómo los medios y las personas se han involucrado en esta relación ‘simbiótica’ de morbo-información. Tampoco entiendo por qué los noticieros de una hora de duración pueden llegar a dedicar casi el 60% de su tiempo a la crónica del atropellado, del muerto en un asalto, o del famoso encontrado ebrio en la calle.

Me es igualmente incomprensible el motivo por el que los realities buscan hacer que algún famoso baile, o quede encerrado en una casa llena de cámaras esperando a que se desnude o suelte una palabrota contra otro famoso.

Aunque quizás la respuesta es muy sencilla: es lo que le gusta a la gente.

Realmente, ¿es eso lo que nos gusta?

Recuerdo a una persona que me decía que no le agradaba para nada “Trampolín a la Fama”, allá en los años 80; sin embargo, no se perdía ningún sábado en la noche la emisión del programa.

Me pregunto cuántos de nosotros hacemos lo mismo. Cuántos de nosotros criticamos pero seguimos consumiendo ese tipo de contenido.

Creo que debemos ser consistentes con lo que predicamos. Si no nos gusta –por considerarlo inapropiado– debemos dejar de consumir estos contenidos, a menos, claro, que nuestro discurso sea tan solo un montón de palabras para quedar bien con el círculo de amigos.

A diferencia de los años 80 –cuando había solo tres canales y unos pocos diarios– ahora tenemos una enorme cantidad de posibilidades de contenido. Ahora tengo la posibilidad de consumir sólo aquello que me interesa –y en verdad son tantas las cosas que me han dejado de interesar en la televisión y en los diarios locales.

Esta decisión, por ejemplo, me hizo desistir de ver la mayor parte de los programas de los fines de semana porque ya sabía que la noticia sería nuevamente Ciro.

Ciro fue una constante que me hizo ver que el amor de un padre puede mover montañas pero, lamentablemente, también fue una oportunidad para ver hasta donde se podía llegar con tal de vender más noticias.

Espero que ahora que ya fue enterrado Ciro descanse en paz, y que su familia retome su vida. Todos debemos hacerlo.

sábado, 13 de agosto de 2011

Quiero Matar a mi jefe


No se dejen guiar por el encabezamiento. Como le dije a un amigo que también se sorprendió por la frase éste no es más que el título de una peli que fui a ver el miércoles pasado con mi delgada. El original se llama Terrible Bosses y es una comedia que tiene por historia el común deseo de tres amigos de deshacerse de sus respectivos superiores.

La película me gustó. Es una de esas clásicas producciones destinada a la gente de mediana edad que se siente identificada con las situaciones de los personajes. Y, ciertamente, cuando no se apela al amor –comedia romántica– se puede apelar al odio, como hicieron en este caso. Claro, ayuda mucho que la peli ofrezca ganchos muy efectivos como el de la jefa acosadora sexual que nos permiten ver a Jennifer Aniston como seguramente más de uno la habrá fantaseado.

La película me recuerda mucho a “Qué pasó ayer” (Hangover) ya que es la historia de tres hombres a mediados de sus treintas y principios de sus cuarentas que tienen que soportar a tres jefes insoportables. ¿La solución? No soportarlos más, matarlos. Y es ahí donde se desatan las situaciones más cómicas.

El elenco está lleno de figuras. Destacan Donald Sutherland en un breve papel como el buen y adorable padre del drogo-mujeriego-jefe Colin Farrell, Jennifer Aniston, y Kevin Spacey como los otros dos jefes insoportables; y Jason Bateman, Charlie Day y Jason Sudeikis, como los sufridos empleados de la película.

Intervienen también otros conocidos como Jamie Foxx como Dean ‘MF’ Jones –ya se imaginarán lo que significan las letras MF; e Ioan Gruffudd, ¿saben quién es? El Señor Fantástico, de Los Cuatro Fantásticos.

Sin duda, una de las escenas más memorables es la de uno de estos desafortunados subalternos que no soporta más los desplantes e injusticias de su jefe y, lleno de ira, lo arrastra por la oficina frente a sus compañeros y lo lanza por la ventana del edificio, para beneplácito de sus colegas; y de algunos espectadores en el cine, diría también.

Es una comedia entretenida como lo fue Hangover y bastante recomendable para aquellos que no quieren mucho a su jefe.