Debo confesar que cuando me encontraba en el colegio era mi padre el que, en (varias) ocasiones, me ayudaba con el curso de “Formación Laboral”. Aquel curso –que no tenía relación alguna con su nombre– nos obligaba a desarrollar actividades tales como la construcción de un barquito de madera o el acabado de un cenicero de cerámica; actividades que, por supuesto, nunca más he tenido que repetir, menos aún dentro de mi campo laboral pues me gano la vida escribiendo en una computadora.
Pero, de todas maneras, tenía que aprobar ese curso, y mi padre me ayudó con ello.
No sé si alguno de mis sucesivos profesores del curso se habrá dado cuenta de que yo no tenía habilidad manual alguna. Mis torpes manos a duras penas podrían aprobar una de esas evaluaciones psicotécnicas en las que a uno le piden dibujar sobre una hoja de papel una persona, un ocaso o algún otro elemento para determinar nuestra lucidez. En realidad, creo que ni siquiera esos esbozos se encuentran hasta ahora dentro de lo que puedo lograr con mis capacidades.
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sábado, 15 de junio de 2013
lunes, 10 de junio de 2013
Los anticuchos de la felicidad
Ahora que la comida es un símbolo de peruanidad y que estamos dispuestos a invertir una parte de nuestras vidas en interminables filas con tal de saborear a los ‘consagrados’, recuerdo una época de mi vida en la que la comida era increíblemente deliciosa y monopólicamente mía; sin colas y sin esperas.
Ese paraíso gastronómico existía hace unos 30 años en la azotea de la casa de mi tía en Huánuco. Mi madre, mi tía, mis dos primas y yo nos reuníamos –durante mis vacaciones de colegio, en el verano– en ese escondido lugar para saborear durante horas una innumerable cantidad de anticuchos que habían sido elaborados ‘desde cero’ por mi madre y mi tía. La preparación de esos manjares tomaba todo un día –de hecho se tenía que comenzar el día anterior– pero el resultado fueron unas deliciosas tardes que han quedado en mi memoria como una marca de felicidad difícil de superar.
La casa era antigua, de quincha y adobe, aunque la mitad trasera era de cemento. En esa parte, sobre una pequeña cocina, se había acondicionado una pequeña azotea que servía para airear las ropas recién lavadas y ofrecer descanso a Perico, el simpático perro de mi tía.
La preparación de los anticuchos comenzaba con una visita al mercado central de Huánuco. Ahí se conseguían los corazones de res –dos, para dejar satisfechos a todos– y los palitos para ensartar los generosos trozos que comeríamos. También ahí se conseguían los demás ingredientes necesarios para la elaborar la salsa en la que se dejarían los trozos de corazón de un día para otro –marinar, creo que es el término– y que adquirieran ese inolvidable sabor.
Ese paraíso gastronómico existía hace unos 30 años en la azotea de la casa de mi tía en Huánuco. Mi madre, mi tía, mis dos primas y yo nos reuníamos –durante mis vacaciones de colegio, en el verano– en ese escondido lugar para saborear durante horas una innumerable cantidad de anticuchos que habían sido elaborados ‘desde cero’ por mi madre y mi tía. La preparación de esos manjares tomaba todo un día –de hecho se tenía que comenzar el día anterior– pero el resultado fueron unas deliciosas tardes que han quedado en mi memoria como una marca de felicidad difícil de superar.
La casa era antigua, de quincha y adobe, aunque la mitad trasera era de cemento. En esa parte, sobre una pequeña cocina, se había acondicionado una pequeña azotea que servía para airear las ropas recién lavadas y ofrecer descanso a Perico, el simpático perro de mi tía.
La preparación de los anticuchos comenzaba con una visita al mercado central de Huánuco. Ahí se conseguían los corazones de res –dos, para dejar satisfechos a todos– y los palitos para ensartar los generosos trozos que comeríamos. También ahí se conseguían los demás ingredientes necesarios para la elaborar la salsa en la que se dejarían los trozos de corazón de un día para otro –marinar, creo que es el término– y que adquirieran ese inolvidable sabor.
sábado, 8 de junio de 2013
Mi incursión en la política
Recuerdo que hace muchos años un pariente mío decidió postular a la alcaldía de mi distrito; bueno, en realidad lo postularon fruto de su participación en una reunión partidaria en la que él era el único vecino del distrito en el que vivía.
– ¿Quién vive ahí?, preguntó, de acuerdo a otro pariente mío que participó en la misma reunión partidaria, uno de los organizadores del evento.
Mi pariente levantó inocentemente su mano.
– Tú serás el candidato entonces, organiza tu comité de campaña; le dijeron, de acuerdo siempre al mismo otro pariente.
Obviamente su “comité de campaña” era un eufemismo para referirse a los parientes y amigos que aceptaran ayudarlo en la empresa electoral. Uno de los cuales fui yo.
Mi participación fue básicamente anímica hasta bien entrada la campaña. De hecho, fue mi hermano, diestro en la confección de carteles, el que me iba poniendo al tanto de los avances de nuestro pariente.
Nuestro candidato era optimista. El alcalde de ese entonces era un acciopopulista que no había realizado una gestión que se podría considerar exitosa. El distrito no se encontraba en su mejor momento y eso abonaba a la posibilidad de ganarle en la contienda electoral.
– ¿Quién vive ahí?, preguntó, de acuerdo a otro pariente mío que participó en la misma reunión partidaria, uno de los organizadores del evento.
Mi pariente levantó inocentemente su mano.
– Tú serás el candidato entonces, organiza tu comité de campaña; le dijeron, de acuerdo siempre al mismo otro pariente.
Obviamente su “comité de campaña” era un eufemismo para referirse a los parientes y amigos que aceptaran ayudarlo en la empresa electoral. Uno de los cuales fui yo.
Mi participación fue básicamente anímica hasta bien entrada la campaña. De hecho, fue mi hermano, diestro en la confección de carteles, el que me iba poniendo al tanto de los avances de nuestro pariente.
Nuestro candidato era optimista. El alcalde de ese entonces era un acciopopulista que no había realizado una gestión que se podría considerar exitosa. El distrito no se encontraba en su mejor momento y eso abonaba a la posibilidad de ganarle en la contienda electoral.
viernes, 29 de marzo de 2013
Semana Santa
Cuando vi pasar la procesión frente a mi casa no me atreví a salir. Había mucha gente, era de noche y a los pocos años que tenía entonces sólo me quedó observar por la ventana. Cristo se veía agonizante, adolorido y los rostros de mis vecinos –de mis vecinas, especialmente– denotaban algo de tristeza. Creo que no entendía la devoción o al menos no sabía cómo encontrarla en esos rostros tristes.
No entendía tampoco porque habían matado a Jesús. Después de todo, no hizo nada malo, de acuerdo a todas las películas que había visto entonces. Jesús era el héroe que ofrendaba su vida por nosotros, pero yo no entendía porqué. Si hubiese muerto sacando del fuego a alguien, o hubiese cambiado su vida a cambio de que los romanos no mataran a los judíos lo hubiese entendido más fácilmente. Pero nadie me explicó.
Sólo cuando crecí y –hay que decir la verdad– me lo explicaron unos amigos evangélicos, comprendí el algo intrincado mecanismo que hacía que su muerte nos salvara. Entonces lo comprendí, y también entendí porqué no me habían explicado nada de chico: no lo hubiera entendido.
No entendía tampoco porque habían matado a Jesús. Después de todo, no hizo nada malo, de acuerdo a todas las películas que había visto entonces. Jesús era el héroe que ofrendaba su vida por nosotros, pero yo no entendía porqué. Si hubiese muerto sacando del fuego a alguien, o hubiese cambiado su vida a cambio de que los romanos no mataran a los judíos lo hubiese entendido más fácilmente. Pero nadie me explicó.
Sólo cuando crecí y –hay que decir la verdad– me lo explicaron unos amigos evangélicos, comprendí el algo intrincado mecanismo que hacía que su muerte nos salvara. Entonces lo comprendí, y también entendí porqué no me habían explicado nada de chico: no lo hubiera entendido.
martes, 26 de marzo de 2013
La leva
Recuerdo que me encontraba en un autobús rumbo a Huacho por la carretera Panamericana para una reunión. Iba con unos amigos de la universidad cuando repentinamente sentimos que el bus se había detenido, luego de unos instantes unos soldados ingresaron al bus y mirando a los rostros me escogieron a mí y a otro chico. “Bajen”, nos dijeron.
El que daba las órdenes aparentemente era un sargento, o algo así, y sin esperar ninguna respuesta se bajó del bus esperando que lo siguiéramos. Cuando bajé me acerqué a uno de los soldados, el que más ‘cara de buena gente’ tenía y le pregunté qué podía hacer. “¿Tienes un documento o algo de que hayas hecho servicio?”, me preguntó. “Sí”, le dije, y volví a subir al bus para buscar en mi maleta mi libreta militar.
En Lima ‘algo’ me dijo que sería mejor llevarla ‘por si acaso’ y por ello la tenía conmigo cuando nos detuvieron. Bajé con mi libreta de la Marina en la que decía “Reserva Disponible” –había ingresado a la PUCP, así que por ello me exoneraron– y se la mostré al sargento.
El que daba las órdenes aparentemente era un sargento, o algo así, y sin esperar ninguna respuesta se bajó del bus esperando que lo siguiéramos. Cuando bajé me acerqué a uno de los soldados, el que más ‘cara de buena gente’ tenía y le pregunté qué podía hacer. “¿Tienes un documento o algo de que hayas hecho servicio?”, me preguntó. “Sí”, le dije, y volví a subir al bus para buscar en mi maleta mi libreta militar.
En Lima ‘algo’ me dijo que sería mejor llevarla ‘por si acaso’ y por ello la tenía conmigo cuando nos detuvieron. Bajé con mi libreta de la Marina en la que decía “Reserva Disponible” –había ingresado a la PUCP, así que por ello me exoneraron– y se la mostré al sargento.
sábado, 7 de julio de 2012
A mis profes
Recuerdo que durante una clase de literatura en el colegio mi profesor se ufanó de haber tenido de maestros a los más destacados literatos que podíamos mencionar. Mis compañeros comenzaron a lanzar nombres y mi profesor nos decía el curso que había llevado con él en la universidad. Yo no pude resistir el reto y pregunté por uno de los ‘maestros de maestros’: LAS.
“¿Luis Alberto?”, le pregunté. No fue necesario que dijera Sánchez, su apellido sobraba en el contexto de la conversación. Mi profesor me indicó el curso que había disfrutado con el maestro y entonces comencé a pensar cómo habría sido llevar una clase con LAS. Todo un semestre con el maestro.
En otra clase recuerdo que mi profesor de Historia dejaba a un lado el libro de texto que nos indicaba el colegio y cargaba bajo uno de sus brazos un conjunto de obras que tenía marcadas con papelitos. Las abría y nos pasaba a leer un párrafo o dos de “Los Doce Césares” o nos mostraba una foto antigua del jirón de la Unión llena de banderas extranjeras en los balcones y tomado por la tropas chilenas que ya habían entrado a Lima, durante la Guerra del Pacífico. “Nadie era peruano en ese momento en el jirón de La Unión”, recuerdo que nos dijo.
“¿Luis Alberto?”, le pregunté. No fue necesario que dijera Sánchez, su apellido sobraba en el contexto de la conversación. Mi profesor me indicó el curso que había disfrutado con el maestro y entonces comencé a pensar cómo habría sido llevar una clase con LAS. Todo un semestre con el maestro.
En otra clase recuerdo que mi profesor de Historia dejaba a un lado el libro de texto que nos indicaba el colegio y cargaba bajo uno de sus brazos un conjunto de obras que tenía marcadas con papelitos. Las abría y nos pasaba a leer un párrafo o dos de “Los Doce Césares” o nos mostraba una foto antigua del jirón de la Unión llena de banderas extranjeras en los balcones y tomado por la tropas chilenas que ya habían entrado a Lima, durante la Guerra del Pacífico. “Nadie era peruano en ese momento en el jirón de La Unión”, recuerdo que nos dijo.
jueves, 5 de abril de 2012
Recuerdos del 5 de abril
Debo confesar algo, si una encuestadora me hubiera preguntado hace 20 años si apoyaba el cierre del Congreso, habría dicho que sí.
Tenía 20 años y quería que las cosas se hicieran rápido. Dos cámaras legislativas (diputados y senadores) me parecían excesivas para la velocidad que se debería imprimir al cambio del país. Lo mejor era hacer las cosas ejecutivamente, sin tantas charlas y discursos rimbombantes.
En la universidad, la PUCP, había sido testigo también del descrédito que implicaba estar relacionado a un partido político. Recién ingresado asistí a unas elecciones estudiantiles en donde una de las peores acusaciones que podía recibir una agrupación era la de estar ligado a un partido político. La izquierda nunca se presentó en mi salón de clases, y el ARE (representante en las universidades del APRA) estaba conformada por tres felinos.
La desaparición de los partidos políticos me parecía entonces una justa consecuencia por el desastre que habían provocado en los años 80 (hiperinflación y crecimiento del terrorismo, principalmente). No merecían nada, ni siquiera que los defendiéramos cuando les cerraron la 'chamba' y los reprimían con varazos, golpes y chorros de agua.
Sin darme cuenta -o quizás sí, pero no me importaba- había dejado de creer en los partidos, en los políticos y en la forma en que se nos había presentado la democracia.
Me equivoqué.
Tarde unos meses en darme cuenta del error. Como alguien -que no recuerdo- dijo alguna vez "la democracia no es perfecta, pero es la forma menos mala de gobernar un país", o algo así.
Lo que vivimos entonces no fue la destrucción de los partidos sino de la democracia. Y lo que me había pasado fue que había caído en el camino fácil de creer que una autocracia nos podría resolver los problemas.
Ciertamente, se resolvieron algunos problemas (economía, terrorismo) pero se exacerbaron otros (corrupción, intolerancia) pero al costo de hacernos creer que la democracía es una forma inferior de vida. Cuando en realidad es todo lo contrario.
La democracia no es sencilla pues implica el respeto a la opinión del otro y la resolución de los problemas teniendo en cuenta estas diferencias. Lo más sencillo es pasar por sobre los otros para finiquitar un tema, para 'resolver' una cuestión, pero la experiencia nos ha mostrado que si hacemos las cosas 'al caballazo' luego tendremos que reparar los daños.
Lo mejor es trabajar en democracia, con respeto a la ley pero sobre todo a los demás, incluyendo su forma de pensar.
Ahora entiendo que esas personas que se enfrentaron a los policias y militares de entonces (lastimosamente, siguiendo órdenes equivocadas) no estaban defendiendo su 'chamba' sino una forma de sociedad mejor. Ciertamente, con muchas fallas que se deben resolver, pero mejor al fin y al cabo.
Lo que me queda claro de ese 5 de abril es que uno puede equivocarse pero es peor mantenerse en el error.
Tenía 20 años y quería que las cosas se hicieran rápido. Dos cámaras legislativas (diputados y senadores) me parecían excesivas para la velocidad que se debería imprimir al cambio del país. Lo mejor era hacer las cosas ejecutivamente, sin tantas charlas y discursos rimbombantes.
En la universidad, la PUCP, había sido testigo también del descrédito que implicaba estar relacionado a un partido político. Recién ingresado asistí a unas elecciones estudiantiles en donde una de las peores acusaciones que podía recibir una agrupación era la de estar ligado a un partido político. La izquierda nunca se presentó en mi salón de clases, y el ARE (representante en las universidades del APRA) estaba conformada por tres felinos.
La desaparición de los partidos políticos me parecía entonces una justa consecuencia por el desastre que habían provocado en los años 80 (hiperinflación y crecimiento del terrorismo, principalmente). No merecían nada, ni siquiera que los defendiéramos cuando les cerraron la 'chamba' y los reprimían con varazos, golpes y chorros de agua.
Sin darme cuenta -o quizás sí, pero no me importaba- había dejado de creer en los partidos, en los políticos y en la forma en que se nos había presentado la democracia.
Me equivoqué.
Tarde unos meses en darme cuenta del error. Como alguien -que no recuerdo- dijo alguna vez "la democracia no es perfecta, pero es la forma menos mala de gobernar un país", o algo así.
Lo que vivimos entonces no fue la destrucción de los partidos sino de la democracia. Y lo que me había pasado fue que había caído en el camino fácil de creer que una autocracia nos podría resolver los problemas.
Ciertamente, se resolvieron algunos problemas (economía, terrorismo) pero se exacerbaron otros (corrupción, intolerancia) pero al costo de hacernos creer que la democracía es una forma inferior de vida. Cuando en realidad es todo lo contrario.
La democracia no es sencilla pues implica el respeto a la opinión del otro y la resolución de los problemas teniendo en cuenta estas diferencias. Lo más sencillo es pasar por sobre los otros para finiquitar un tema, para 'resolver' una cuestión, pero la experiencia nos ha mostrado que si hacemos las cosas 'al caballazo' luego tendremos que reparar los daños.
Lo mejor es trabajar en democracia, con respeto a la ley pero sobre todo a los demás, incluyendo su forma de pensar.
Ahora entiendo que esas personas que se enfrentaron a los policias y militares de entonces (lastimosamente, siguiendo órdenes equivocadas) no estaban defendiendo su 'chamba' sino una forma de sociedad mejor. Ciertamente, con muchas fallas que se deben resolver, pero mejor al fin y al cabo.
Lo que me queda claro de ese 5 de abril es que uno puede equivocarse pero es peor mantenerse en el error.
jueves, 21 de abril de 2011
Simplemente Cindy
No quiero escribir de política. Al menos no por lo pronto. Quiero escribir sobre Cindy, aquella rubia cachetona que conocí hace décadas y cuyo recuerdo me transporta a mis años de inocente felicidad adolescente.
Tenía pinta de 'loca', y quizás lo era un poco. Pero igual me gustaba. Sus cabellos rubios teñidos de rojo y azul me maravillaban y sus ropas que parecían no guardar un orden o lógica me fascinaban. Pero ¿cómo le puede gustar a alguien como yo una 'loca' como Cindy? Quizás fue precisamente eso, lo diferente en ella, lo que me atrajo, junto con esos maravillosos ojos achinados.
Años después confieso que la tenía en el olvido. Era parte de mi agradable pasado que, de vez en cuando, viene a mí gracias a algún suceso extraordinario. Me arrepiento de haberla abandonado.
Pero, navegando, tonteando por ahí, la encontré de nuevo. Jóven como en aquellos años en que la conocí y con toda esa agradable personalidad que me hizo desear ser también un poco 'loco' como ella.
Al oir nuevamente su voz volví a esos años de apagones, de hiperinflación, pero también de Cindy. Verla junto al Capitán Albano, a Nikolai Volkoff y a otros personajes que acompañaron esos maravillosos años me hizo recordar que a pesar de que el país era un desastre podíamos escaparnos a lugares remotos, a buscar tesoros, a cantar como estrellas de rock, y a sentir que estabas en el mejor lugar del mundo cuando te sentabas en una butaca de cine, frente a la tele o al lado de la radio.
La oí cantar y volví a sentirme como un adolescente tonto, soñando con lo inalcanzable.
Pero los años pasan.
Ahora Cindy es una "tía regia", y sigue cantando con esa preciosa voz que hipnotiza. La encontré nuevamente en Argentina, gracias a YouTube, y al verla me convencí que las chicas bonitas, con el tiempo, se convierten en mujeres bellas.
Y sigue siendo maravillosa.
Tenía pinta de 'loca', y quizás lo era un poco. Pero igual me gustaba. Sus cabellos rubios teñidos de rojo y azul me maravillaban y sus ropas que parecían no guardar un orden o lógica me fascinaban. Pero ¿cómo le puede gustar a alguien como yo una 'loca' como Cindy? Quizás fue precisamente eso, lo diferente en ella, lo que me atrajo, junto con esos maravillosos ojos achinados.
Años después confieso que la tenía en el olvido. Era parte de mi agradable pasado que, de vez en cuando, viene a mí gracias a algún suceso extraordinario. Me arrepiento de haberla abandonado.
Pero, navegando, tonteando por ahí, la encontré de nuevo. Jóven como en aquellos años en que la conocí y con toda esa agradable personalidad que me hizo desear ser también un poco 'loco' como ella.
Al oir nuevamente su voz volví a esos años de apagones, de hiperinflación, pero también de Cindy. Verla junto al Capitán Albano, a Nikolai Volkoff y a otros personajes que acompañaron esos maravillosos años me hizo recordar que a pesar de que el país era un desastre podíamos escaparnos a lugares remotos, a buscar tesoros, a cantar como estrellas de rock, y a sentir que estabas en el mejor lugar del mundo cuando te sentabas en una butaca de cine, frente a la tele o al lado de la radio.
La oí cantar y volví a sentirme como un adolescente tonto, soñando con lo inalcanzable.
Pero los años pasan.
Ahora Cindy es una "tía regia", y sigue cantando con esa preciosa voz que hipnotiza. La encontré nuevamente en Argentina, gracias a YouTube, y al verla me convencí que las chicas bonitas, con el tiempo, se convierten en mujeres bellas.
Y sigue siendo maravillosa.
sábado, 28 de agosto de 2010
Historia de hostales
Fue una noche Año Nuevo cuando se produjo mi primera historia de hostales y me di cuenta del poder de estos establecimientos. Mis padres y yo regresábamos en el auto a casa luego de haber recibido las celebraciones con los abuelos. En el camino notamos que una de las llantas se comenzaba a bajar así que buscamos inmediatamente un grifo con un 'llantero' que nos pudiera solucionar el problema. Afortunadamente, encontramos uno que decidió recibir el año trabajando en la madrugada del 1 de enero.
Nos estacionamos y comenzó su trabajo. Mi madre y yo nos quedamos dentro del auto mientras mi padre salió para observar al llantero hundir la cámara del neumático, recién inflada, en un cilindro con agua para determinar el número de agujeros, y el precio del servicio.
La 'llantería' quedaba frente a un hostal así que al estacionarnos ahí quedamos perfectamente situados para observar el ingreso de los clientes. Conversaba con mi madre -no recuerdo sobre qué- pero en realidad mi mente contaba el número de parejas que entraban y salían del establecimiento. Ya la cifra de parejas que usaron estas instalaciones aquella noche ha escapado de mi memoria, pero sí me queda el recuerdo de que fueron muchas, y que la 'rotación' de clientes en estos lugares era muy alta. Al menos lo fue en esa noche.
Ya en la universidad se produjo mi segunda historia de hostal. Me encontraba con una amiga caminando por el centro de Lima, conversando sobre diversos asuntos, cuando nos dimos cuenta de la gran cantidad de hostales que había por esa zona y nos sorprendimos de lo poco que cobraban por sus servicios. Recuerdo que la mayoría de los hostales que vimos iniciaban sus tarifarios desde los 10 soles y nos pusimos entonces a conversar sobre el asunto. 10 soles era barato, pero yo le decía a mi amiga que yo había visto incluso precios más económicos: 8 soles. «No puede ser», me dijo ella. Pero yo insistía en que sí, que había locales que llegaban a esos precios. Ella simplemente no me creyó, así que cambiamos nuestra conversación hacia otro tema.
Seguimos caminando por el Centro cuando de pronto vi colgado en la puerta de un hostal un pequeño letrero que decía algo así como: "Habitación 8 soles". Ahí estaba frente a mí la prueba de que sí había locales más baratos que los 10 soles que habíamos visto antes. Pero lamentablemente no se me ocurrió mejor idea para señalar la certeza de mi afirmación anterior a mi amiga que decirle, supongo que en voz muy alta: «¡Ves, te dije que había hostal de 8 soles!».
Por un momento olvidé que estábamos en la calle, rodeados de muchas personas que podrían malinterpretar mis palabras. Mi amiga casi estiró los ojos por la sorpresa -y el roche, supongo- y me dijo «¡cállate!», «Pero mira pues, 8 soles, como te dije», «¡CÁLLATE!». Y recién ahí caí en la cuenta que la gente nos miraba y que seguramente nos estaba empezando a catalogar como a un par de misios.
La tercera historia de hostales se produjo en Magdalena. Había convenido con un par de amigas almorzar en una trattoria nueva para ellas, así que a la hora del almuerzo nos dirigimos hacia allá. Detuvimos un taxi y le indiqué al taxista el lugar al que íbamos. En el camino, ellas en los asientos de atrás y yo en el del copiloto, conversamos sobre el trabajo y sobre lo que nos pasaba en esos momentos. Ya cuando estábamos cerca le dije al conductor que volteara en U al final de la verma central y nos dejara ahí. «¡¿Ahí señor?!», «Sí», le respondí buscando el dinero y sin darme cuenta el motivo de su emoción. No había notado que el "ahí" del taxista era el hostal que quedaba al costado de la trattoria en la que pensábamos comer y que su emoción se debía a que seguramente imaginaba que yo era algo así como el afortunado que se sacó la lotería del sexo.
No era para menos. Mis dos amigas, altas y guapas, no lo sacaron de su error, y por el contrario una de ellas remató el momento con mucha picardía: «¿De nuevo en el mismo hostal? Supongo que ahora si haz traído la cámara para tomar fotos». Yo me reí y lo mismo hizo la otra amiga. El taxista, en cambio, creo que quería darme la mano para felicitarme.
Los que saben de trattorias seguro saben a qué lugar me refiero; supongo que los entendidos en hostales también.
Nos estacionamos y comenzó su trabajo. Mi madre y yo nos quedamos dentro del auto mientras mi padre salió para observar al llantero hundir la cámara del neumático, recién inflada, en un cilindro con agua para determinar el número de agujeros, y el precio del servicio.
La 'llantería' quedaba frente a un hostal así que al estacionarnos ahí quedamos perfectamente situados para observar el ingreso de los clientes. Conversaba con mi madre -no recuerdo sobre qué- pero en realidad mi mente contaba el número de parejas que entraban y salían del establecimiento. Ya la cifra de parejas que usaron estas instalaciones aquella noche ha escapado de mi memoria, pero sí me queda el recuerdo de que fueron muchas, y que la 'rotación' de clientes en estos lugares era muy alta. Al menos lo fue en esa noche.
Ya en la universidad se produjo mi segunda historia de hostal. Me encontraba con una amiga caminando por el centro de Lima, conversando sobre diversos asuntos, cuando nos dimos cuenta de la gran cantidad de hostales que había por esa zona y nos sorprendimos de lo poco que cobraban por sus servicios. Recuerdo que la mayoría de los hostales que vimos iniciaban sus tarifarios desde los 10 soles y nos pusimos entonces a conversar sobre el asunto. 10 soles era barato, pero yo le decía a mi amiga que yo había visto incluso precios más económicos: 8 soles. «No puede ser», me dijo ella. Pero yo insistía en que sí, que había locales que llegaban a esos precios. Ella simplemente no me creyó, así que cambiamos nuestra conversación hacia otro tema.
Seguimos caminando por el Centro cuando de pronto vi colgado en la puerta de un hostal un pequeño letrero que decía algo así como: "Habitación 8 soles". Ahí estaba frente a mí la prueba de que sí había locales más baratos que los 10 soles que habíamos visto antes. Pero lamentablemente no se me ocurrió mejor idea para señalar la certeza de mi afirmación anterior a mi amiga que decirle, supongo que en voz muy alta: «¡Ves, te dije que había hostal de 8 soles!».
Por un momento olvidé que estábamos en la calle, rodeados de muchas personas que podrían malinterpretar mis palabras. Mi amiga casi estiró los ojos por la sorpresa -y el roche, supongo- y me dijo «¡cállate!», «Pero mira pues, 8 soles, como te dije», «¡CÁLLATE!». Y recién ahí caí en la cuenta que la gente nos miraba y que seguramente nos estaba empezando a catalogar como a un par de misios.
La tercera historia de hostales se produjo en Magdalena. Había convenido con un par de amigas almorzar en una trattoria nueva para ellas, así que a la hora del almuerzo nos dirigimos hacia allá. Detuvimos un taxi y le indiqué al taxista el lugar al que íbamos. En el camino, ellas en los asientos de atrás y yo en el del copiloto, conversamos sobre el trabajo y sobre lo que nos pasaba en esos momentos. Ya cuando estábamos cerca le dije al conductor que volteara en U al final de la verma central y nos dejara ahí. «¡¿Ahí señor?!», «Sí», le respondí buscando el dinero y sin darme cuenta el motivo de su emoción. No había notado que el "ahí" del taxista era el hostal que quedaba al costado de la trattoria en la que pensábamos comer y que su emoción se debía a que seguramente imaginaba que yo era algo así como el afortunado que se sacó la lotería del sexo.
No era para menos. Mis dos amigas, altas y guapas, no lo sacaron de su error, y por el contrario una de ellas remató el momento con mucha picardía: «¿De nuevo en el mismo hostal? Supongo que ahora si haz traído la cámara para tomar fotos». Yo me reí y lo mismo hizo la otra amiga. El taxista, en cambio, creo que quería darme la mano para felicitarme.
Los que saben de trattorias seguro saben a qué lugar me refiero; supongo que los entendidos en hostales también.
lunes, 12 de julio de 2010
La esquina
Fue una de esas madrugadas en las que escribía mis artículos que salí a la puerta de mi casa y tomé esta foto. Entonces vivía aún en el departamento de Breña en el que pasé más de 20 años de mi vida. La foto la tomé con mi entrañable Nokia 7610 y ahora me trae recuerdos de una prolongada y, gracias a Dios, muchas veces feliz época de mi vida. Extraño los momentos que viví en esa casa con mis padres, y las madrugadas laborales, escribiendo el “Central” para la revista. Fueron buenos momentos.
jueves, 24 de junio de 2010
No fuimos muy distintos
Hace unos días una amiga publicó en su blog un post que recordaba una vieja canción. Era «El Gallinero» de Ramirez, con un ritmo que me hizo recordar que nosotros hace unos 20 años, más o menos, también bailábamos música que nuestros padres consideraban 'rara'.
La verdad me puse a navegar en el YouTube tratando de recordar las 'rarezas' que escuchaba cuando estudiaba en la universidad y me di cuenta que mi juventud no solo estuvo llena de pop como el de Roxette, Phil Collins, Michael Jackson y otros similares, sino que también estuvo llena de ritmos que no se alejan mucho del regaetton que ahora le escucho a los chibolos.
Si, claro, hay distancias, pero si se ponen a escuchar canciones como La Kabra de los Farm Lopez o Get Up de Technotronic se darán cuenta que tan lejos no estábamos. Por su puesto, eran en inglés o en español de España, y no recuerdo que haya habido referentes locales -en realidad, no sé si hubo- que trataran de imitarlos.
Solo recuerdo que bailábamos y que la letra de las canciones que entendíamos o no nos movían los pies y nos ubicaban en ese estado de éxtasis -sin ayuda química- puro que solo te puede dar una canción que te encanta, que hace posesión de tu cuerpo durante unos instantes enfermizos, que te hace dejar de lado el roche (no importaba si bailabas bien o mal, sino que te movieras) y que te dejaba en paz luego de media hora de movimientos ininterrupidos (¿se acuerdan lo que duraban las mezclas llamadas «Maquina Total 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, etc.?).
Fueron buenos días, y espero algún día tener ocasión para poner estas viejas canciones para ver quien de mis amigos se anima a sacar a su señora a recordar tiempos pasados. Por lo pronto los dejo con una de Technotronic y la famosísima Kabra (versión censurada, para no herir susceptibilidades, y porque fue la única que encontré).
GET UP
LA KABRA
La verdad me puse a navegar en el YouTube tratando de recordar las 'rarezas' que escuchaba cuando estudiaba en la universidad y me di cuenta que mi juventud no solo estuvo llena de pop como el de Roxette, Phil Collins, Michael Jackson y otros similares, sino que también estuvo llena de ritmos que no se alejan mucho del regaetton que ahora le escucho a los chibolos.
Si, claro, hay distancias, pero si se ponen a escuchar canciones como La Kabra de los Farm Lopez o Get Up de Technotronic se darán cuenta que tan lejos no estábamos. Por su puesto, eran en inglés o en español de España, y no recuerdo que haya habido referentes locales -en realidad, no sé si hubo- que trataran de imitarlos.
Solo recuerdo que bailábamos y que la letra de las canciones que entendíamos o no nos movían los pies y nos ubicaban en ese estado de éxtasis -sin ayuda química- puro que solo te puede dar una canción que te encanta, que hace posesión de tu cuerpo durante unos instantes enfermizos, que te hace dejar de lado el roche (no importaba si bailabas bien o mal, sino que te movieras) y que te dejaba en paz luego de media hora de movimientos ininterrupidos (¿se acuerdan lo que duraban las mezclas llamadas «Maquina Total 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, etc.?).
Fueron buenos días, y espero algún día tener ocasión para poner estas viejas canciones para ver quien de mis amigos se anima a sacar a su señora a recordar tiempos pasados. Por lo pronto los dejo con una de Technotronic y la famosísima Kabra (versión censurada, para no herir susceptibilidades, y porque fue la única que encontré).
GET UP
viernes, 7 de mayo de 2010
Durmiente corporativo
El trabajo periodístico te puede traer muchas alegrías y penas, y algunas situaciones que se encuentran en medio de ellas. Las situaciones de este tipo no son pocas en nuestra actividad y creo que bien vale la pena recordar algunas. A continuación un caso que me hizo cuestionarme si una pregunta que hice fue muy aburrida.
Una siesta.
Bueno, era una tarde luego del almuerzo. Creo que eran las 3 pm, un momento complicado para dar una entrevista ya que las personas se encuentran amodorradas por la comida. Además creo recordar que ese era un día de primavera u otoño, pues la tarde era tibia y perfecta como para completar un escenario somnífero.
Había acordado, hace un tiempo cuando trabajaba en la revista, una reunión con un gerente de una conocida empresa. Llegué puntual y subí a las oficina de mi entrevistado -cuya identidad obviamente no voy a mencionar- para realizar una entrevista sobre un tema que ya no recuerdo. La secretaria me recibió amablemente y me hizo pasar a la amplia oficina del gerente. Era elegante y contaba con unos sillones de cuero en los que uno se podía arrellanar cómodamente.
Una siesta.
Bueno, era una tarde luego del almuerzo. Creo que eran las 3 pm, un momento complicado para dar una entrevista ya que las personas se encuentran amodorradas por la comida. Además creo recordar que ese era un día de primavera u otoño, pues la tarde era tibia y perfecta como para completar un escenario somnífero.
Había acordado, hace un tiempo cuando trabajaba en la revista, una reunión con un gerente de una conocida empresa. Llegué puntual y subí a las oficina de mi entrevistado -cuya identidad obviamente no voy a mencionar- para realizar una entrevista sobre un tema que ya no recuerdo. La secretaria me recibió amablemente y me hizo pasar a la amplia oficina del gerente. Era elegante y contaba con unos sillones de cuero en los que uno se podía arrellanar cómodamente.
domingo, 31 de mayo de 2009
La mejor música del mundo
Los domingos tienen una extraña particularidad: me ponen nostálgico. Navegando por Internet me di cuenta que lo que yo consideraba buena música difícilmente se encuentra ahora en la cabeza de un chico de colegio. Realmente no sé que escuchan ahora, ni tengo mucho tiempo para escuchar la radio. Supongo que lo más cercano que hago a una actualización musical es escuchar de vez en cuando Studio 92, si es que por casualidad me topo con la estación.
Ahora generalmente escucho RPP y CPN, puras noticias. En la televisión ya no reviso los canales musicales sino que mis favoritos son History, Discovery y NatGeo. David, mi jefe, dice que tengo los mismos gustos televisivos que su padre, es decir, que televisivamente hablando soy más viejo que él. Probablemente.
Recuerdo cuando en los años 80 mi padre me podía preguntar quien era el artista que se encontraba más alto en el ranking musical y yo le repreguntaba «¿Aquí o en Estados Unidos? Por que los rankings difieren un poco, aunque básicamente son bastante parecidos». Mi padre se asombraba. Ahora yo soy el que se asombra. En ese tiempo fácilmente se me venían a la mente nombres como Madonna, A-ha, Tears for Fears, Van Hallen, Poison, Guns and Roses, Michael Jackson, y un largo etcétera.
Ahora si me preguntan me siguen llegando a la mente esos mismos nombres. Como si siguieran dominando los rankings.
Alguien dijo alguna vez que la mejor música del mundo es la que escuchaste cuando estabas en el colegio, o inicios de la universidad. Creo que es cierto. Sigo tarareando esas viejas canciones, sigo recordando a esos viejos rockeros que ahora, con suerte, se dan una vuelta por Lima para recordar viejos tiempos.
Con un poco de orgullo me pregunto si dentro de 20 años los actuales ídolos de los chicos tendrán la misma "vigencia" para hacer un concierto y llenar el Estadio Nacional. Creo que no, pero puedo equivocarme.
No hay nada mejor que un domingo por la noche para ponerse nostálgico y revisar Internet buscando recordar nombres. Aqui les dejo los que llegaron a los 50 primeros puestos de 1988, mi último año en el colegio Claretiano ("Salve colegio Claretiano...", aun me acuerdo del himno que canté durante 11 años).
1. Need You Tonight, INXS
2. Look Away, Chicago
3. "Roll With It," Steve Winwood
4. "Every Rose Has Its Thorn," Poison
5. "Got My Mind Set On You," George Harrison
6. "So Emotional," Whitney Houston
7. "Seasons Change," Expose
8. "Baby I Love Your Way/Freebird Medley," Will to Power
9. "Could've Been," Tiffany
10. "Never Gonna Give You Up," Rick Astley
11. "Sweet Child Of Mine," Guns 'n' Roses
12. "Get Outta My Dreams, Get Into My Car," Billy Ocean
13. "The Flame," Cheap Trick
14."Giving You The Best That I Got," Anita Baker
15. "Waiting For A Star To Fall," Boy Meets Girl
16. "Hands To Heaven," Breathe
17. "How Can I Fall?" Breathe
18. "Anything For You," Gloria Estefan & Miami Sound Machine
19. "Wishing Well," Terence Trent D'Arby
20. "Hungry Eyes," Eric Carmen
21. "Wild, Wild West," Escape Club
22. "Hold On To The Nights," Richard Marx
23. "Man In The Mirror," Michael Jackson
24. "Love Bites," Def Leppard
25. "Where Do Broken Hearts Go," Whitney Houston
26. "One More Try," George Michael
27. "Groovy Kind Of Love," Phil Collins
28. "Father Figure," George Michael
29. "Bad Medicine," Bon Jovi
30. "Don't Worry Be Happy," Bobby McFerrin
31. "Devil Inside," INXS
32. "Pour Some Sugar On Me," Def Leppard
33. "Simply Irresistible," Robert Palmer
34. "Hazy Shade Of Winter," Bangles
35. "I'll Always Love You," Taylor Dayne
36. "Endless Summer Nights," Richard Marx
37. "Naughty Girls (Need Love Too)," Samantha Fox
38. "Angel," Aerosmith
39. "The Way You Make Me Feel," Michael Jackson
40. "Foolish Beat," Debbie Gibson
41. "Tell It To My Heart," Taylor Dayne
42. "Red Red Wine," UB40
43. "Together Forever," Rick Astley
44. "Kokomo," Beach Boys
45. "Monkey," George Michael
46. "Shattered Dreams," Johnny Hates Jazz
47. "I Don't Wanna Go On With You Like That," Elton John
48. "Make Me Lose Control," Eric Carmen
49. "She's Like The Wind," Patrick Swayze & Wendy Fraser
50. "Make It Real," The Jets
Ahora generalmente escucho RPP y CPN, puras noticias. En la televisión ya no reviso los canales musicales sino que mis favoritos son History, Discovery y NatGeo. David, mi jefe, dice que tengo los mismos gustos televisivos que su padre, es decir, que televisivamente hablando soy más viejo que él. Probablemente.
Recuerdo cuando en los años 80 mi padre me podía preguntar quien era el artista que se encontraba más alto en el ranking musical y yo le repreguntaba «¿Aquí o en Estados Unidos? Por que los rankings difieren un poco, aunque básicamente son bastante parecidos». Mi padre se asombraba. Ahora yo soy el que se asombra. En ese tiempo fácilmente se me venían a la mente nombres como Madonna, A-ha, Tears for Fears, Van Hallen, Poison, Guns and Roses, Michael Jackson, y un largo etcétera.
Ahora si me preguntan me siguen llegando a la mente esos mismos nombres. Como si siguieran dominando los rankings.
Alguien dijo alguna vez que la mejor música del mundo es la que escuchaste cuando estabas en el colegio, o inicios de la universidad. Creo que es cierto. Sigo tarareando esas viejas canciones, sigo recordando a esos viejos rockeros que ahora, con suerte, se dan una vuelta por Lima para recordar viejos tiempos.
Con un poco de orgullo me pregunto si dentro de 20 años los actuales ídolos de los chicos tendrán la misma "vigencia" para hacer un concierto y llenar el Estadio Nacional. Creo que no, pero puedo equivocarme.
No hay nada mejor que un domingo por la noche para ponerse nostálgico y revisar Internet buscando recordar nombres. Aqui les dejo los que llegaron a los 50 primeros puestos de 1988, mi último año en el colegio Claretiano ("Salve colegio Claretiano...", aun me acuerdo del himno que canté durante 11 años).
1. Need You Tonight, INXS
2. Look Away, Chicago
3. "Roll With It," Steve Winwood
4. "Every Rose Has Its Thorn," Poison
5. "Got My Mind Set On You," George Harrison
6. "So Emotional," Whitney Houston
7. "Seasons Change," Expose
8. "Baby I Love Your Way/Freebird Medley," Will to Power
9. "Could've Been," Tiffany
10. "Never Gonna Give You Up," Rick Astley
11. "Sweet Child Of Mine," Guns 'n' Roses
12. "Get Outta My Dreams, Get Into My Car," Billy Ocean
13. "The Flame," Cheap Trick
14."Giving You The Best That I Got," Anita Baker
15. "Waiting For A Star To Fall," Boy Meets Girl
16. "Hands To Heaven," Breathe
17. "How Can I Fall?" Breathe
18. "Anything For You," Gloria Estefan & Miami Sound Machine
19. "Wishing Well," Terence Trent D'Arby
20. "Hungry Eyes," Eric Carmen
21. "Wild, Wild West," Escape Club
22. "Hold On To The Nights," Richard Marx
23. "Man In The Mirror," Michael Jackson
24. "Love Bites," Def Leppard
25. "Where Do Broken Hearts Go," Whitney Houston
26. "One More Try," George Michael
27. "Groovy Kind Of Love," Phil Collins
28. "Father Figure," George Michael
29. "Bad Medicine," Bon Jovi
30. "Don't Worry Be Happy," Bobby McFerrin
31. "Devil Inside," INXS
32. "Pour Some Sugar On Me," Def Leppard
33. "Simply Irresistible," Robert Palmer
34. "Hazy Shade Of Winter," Bangles
35. "I'll Always Love You," Taylor Dayne
36. "Endless Summer Nights," Richard Marx
37. "Naughty Girls (Need Love Too)," Samantha Fox
38. "Angel," Aerosmith
39. "The Way You Make Me Feel," Michael Jackson
40. "Foolish Beat," Debbie Gibson
41. "Tell It To My Heart," Taylor Dayne
42. "Red Red Wine," UB40
43. "Together Forever," Rick Astley
44. "Kokomo," Beach Boys
45. "Monkey," George Michael
46. "Shattered Dreams," Johnny Hates Jazz
47. "I Don't Wanna Go On With You Like That," Elton John
48. "Make Me Lose Control," Eric Carmen
49. "She's Like The Wind," Patrick Swayze & Wendy Fraser
50. "Make It Real," The Jets
martes, 27 de enero de 2009
Año Nuevo
Otro de los eventos recordables del año pasado fue el fin de éste. No sé si cuando niño de milagro me salvé de no dañarme al haber reventado tantos cohetes, cohetones, volcanes y demás explosivos que mi padre me compraba faltando 15 minutos para las 12 de la noche, pero lo que sí recuerdo era que me divertía mucho. Al ver cómo jugaron los chicos en el barrio de Liliana, el último 31 de diciembre, recordé por un tiempo que yo también hacia eso: hacer estallar cosas (la tetera de mi abuela, por ejemplo), prender fuego al muñeco del año viejo, lanzar "silbadores" a la calle, etc.
Ahora sabemos que es demasiado riesgoso enseñar a nuestros hijos aquello que nuestros padres nos mostraron como jugando. Son otros tiempos, pero por unos minutos el olor a pólvora, el sonido de las explosiones y las luces me hicieron recordar los viejos tiempos.
Año nuevo en la casa de Liliana
Ahora sabemos que es demasiado riesgoso enseñar a nuestros hijos aquello que nuestros padres nos mostraron como jugando. Son otros tiempos, pero por unos minutos el olor a pólvora, el sonido de las explosiones y las luces me hicieron recordar los viejos tiempos.
Año nuevo en la casa de Liliana
viernes, 23 de enero de 2009
Recuerdos 2008
Este es un video del concierto de R.E.M. y Travis al que fui con el Astuqui y unos amigos suyos. Sin duda, fue uno de los eventos recordables del año pasado y para muestra basta un botón, o en este caso un videito de celular. Al verlo recuerdo que debo comprarme un teléfono con mejores prestaciones de video, pero bueno eso ya será para el futuro.
Durante un descanso del concierto de R.E.M. y Travis.
jueves, 8 de mayo de 2008
Adios Montecarlo
Recibí una nota de prensa en la que se invita a las personas a la última función que se desarrollará en el Teatro Montecarlo... sí, ese al que Osvaldo Cattone siempre nos invitaba (osea, por televisión, claro) a ver sus obras. Una pena, realmente...
Este espectáculo cuenta con las actuaciones estelares de primerísimos actores como Yvonne Frayssinet, Nicolás Fantinato, Tatiana Espinoza, el consagrado cantante Fernando Llosa y un nutrido elenco de 35 artistas en escena.
El espectáculo cuenta con una magnífica banda musical y todos los temas musicales serán tocados e interpretados en vivo, a la altura de los mejores espectáculos de Broadway.
El musical será presentado desde el jueves 22 de mayo hasta el domingo 1ro. de junio en las instalaciones del Teatro Montecarlo de Miraflores, en 8 únicas presentaciones.
Las entradas están a la venta en Teleticket de Wong y Metro y en la boletería del teatro.
Con la puesta en escena de este musical, se cierra una maravillosa etapa del Cine y Teatro en el Perú, pues nuestro espectáculo será el último al que se podrá asistir en el Teatro Montecarlo de Miraflores, ya que este local ha sido vendido y será demolido. Son 60 años de historia que esta sala ha albergado, marcando un hito en la historia del teatro y son 60 años brindando entretenimiento a muchas generaciones. Muchas personas asistirán al Teatro Montecarlo por última vez, y será con la espectacular interpretación del elenco de lujo con el que contamos en "Bienvenidos a los 60's".
* * *
Nota de Prensa
ESTRENO DE ESPECTACULO MUSICAL "BIENVENIDOS A LOS 60´S"
Basado en el musical Hairspray
Teatro Montecarlo será demolido después de 60 años de historia y se despide un Musical
ESTRENO DE ESPECTACULO MUSICAL "BIENVENIDOS A LOS 60´S"
Basado en el musical Hairspray
Teatro Montecarlo será demolido después de 60 años de historia y se despide un Musical
Este espectáculo cuenta con las actuaciones estelares de primerísimos actores como Yvonne Frayssinet, Nicolás Fantinato, Tatiana Espinoza, el consagrado cantante Fernando Llosa y un nutrido elenco de 35 artistas en escena.
El espectáculo cuenta con una magnífica banda musical y todos los temas musicales serán tocados e interpretados en vivo, a la altura de los mejores espectáculos de Broadway.El musical será presentado desde el jueves 22 de mayo hasta el domingo 1ro. de junio en las instalaciones del Teatro Montecarlo de Miraflores, en 8 únicas presentaciones.
Las entradas están a la venta en Teleticket de Wong y Metro y en la boletería del teatro.
Con la puesta en escena de este musical, se cierra una maravillosa etapa del Cine y Teatro en el Perú, pues nuestro espectáculo será el último al que se podrá asistir en el Teatro Montecarlo de Miraflores, ya que este local ha sido vendido y será demolido. Son 60 años de historia que esta sala ha albergado, marcando un hito en la historia del teatro y son 60 años brindando entretenimiento a muchas generaciones. Muchas personas asistirán al Teatro Montecarlo por última vez, y será con la espectacular interpretación del elenco de lujo con el que contamos en "Bienvenidos a los 60's".
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