sábado, 3 de abril de 2010

GNR: pudo haber sido mejor

Hasta que por fin el sueño se había convertido en realidad. Guns and Roses, la banda que me acompañó en mis últimos días de colegio y los primeros de la universidad, tocaría en Lima. No me importaba que solo se tratara de Axl con un grupo de reemplazos -no era la Guns original- sino que escucharía en vivo la voz que me enloqueció con Sweet Child of Mine y Welcome to the Jungle, o al menos eso era lo que pensaba.

Las primeras alertas me llegaron a través del Facebook. Comenzaron a aparecer enlaces a noticias que describían a un Axl tardón y enemistado -por su comportamiento- con el público que deseaba oirlo. Leí que no solo llegaba tarde a los conciertos sino que incluso llegaba al país -en su avión privado- horas después de empezado el evento. Ello no era una buena señal.

Con Carlos decidimos de todas formas comprar las entradas y esperar que Axl se comportara un poco mejor en Lima. Al principio lo creíamos. Axl, a diferencia de otras ocasiones, ya se encontraba en el país mucho antes del concierto y ello nos tranquilizó un poco.

jueves, 1 de abril de 2010

Hora y media

Si el miércoles anterior a Semana Santa tuvieron la imperiosa necesidad de pasar por un banco seguro van a concordar conmigo.

Debido a esas cosas del destino y la economía tuve que pasar por una de las instituciones financieras más grandes de este país, de la cual no soy ‘cliente’. Ello en buena cuenta significaba que me esparaba una larga espera ya que sin duda el dichoso ‘sistema’ de tickets le iba a dar preferencia a los clientes del banco, y de entre éstos a los que tienen más dinero en él.

Eso fue lo que sucedió. El sistema en mención me catalogó como ‘nada’ (letra B) y me hizo esperar una hora y media mientras veía que los clientes VIP y los clientes comunes del banco pasaban frente a mí. El banco, además, tenía dos ventanillas asignadas para atender a los clientes ancianos, mujeres embarazadas o con niños, o personas discapacitadas.

domingo, 14 de marzo de 2010

La tierra bajo sus pies

El título de esta entrada es medio prestado. El original lo uso Alberto Fuguet en un post de su blogLa tierra bajo nuestros pies») y estaba acompañado por una foto que se convirtió en el símbolo del dolor y la devastación de Chile, luego del terremoto.

En esa foto un hombre sostiene, en medio de la destrucción dejaba por el tsunami, una bandera chilena rota y enlodada. Al verla uno no termina de convencerse que esos escombros que llenan la imagen alguna vez fueron parte de una ciudad de un país con el que tantas veces nos hemos comparado.

Chile se convirtió, por obra de la catástrofe, en el tema de conversación y de la noticia durante las últimas dos semanas. Sin embargo, antes se había convertido en nuestro benchmark, en el obligado punto de referencia para todo lo bueno y malo que nuestro país podía hacer en economía, negocios, cultura y hasta educación.

Con Chile desarrollamos así una relación ambivalente que se basaba, a la vez, en la envidia por sus asombrosas cifras económicas pero también en el rencor por las historias de maltrato hacia nuestros compatriotas.

¿Cómo confiar en un país que compra tantas armas, que maltrata a nuestros compatriotas, que se atribuye nuestro patrimonio, que nos ganó una guerra?

sábado, 6 de febrero de 2010

Yo también estuve ahí

Hubiese querido escribir esta entrada antes, pero ya me conocen, soy flojo. Sin embargo, como señala el dicho, «no hay mal que por bien no venga». Estos días de inactividad bloguera me han servido para revisar, con serenidad, lo que otros han escrito sobre el acontecimiento que es el centro de mi nueva crónica: el concierto de Metallica.

Con Carlos, al final del concierto.
No me fue difícil encontrar las crónicas, de hecho, no tuve que hacerlo pues mi amigo Carlos, seguramente extasiado por el estilo de la crónicas que hallaba, me enviaba los enlaces para que yo también pudiera leer lo que otros habían vivido en el concierto.

Hay crónicas muy vivas, que te transportan a la cancha del estadio de San Marcos y te hacen sentir incluso el calor de los fuegos artificiales que reventaron durante esa noche. Las palabras, las interjecciones me dicen que esos blogueros no solo saben escribir bien, sino que de verdad sintieron el concierto en el alma.