viernes, 27 de marzo de 2009

Helados y frustraciones sociales

Hoy fue el día de la promoción de lo helados D'Onofrio. Temprano en la mañana, cosa inusual entre mis amigos, decidimos darnos un gusto aprovechando la tan publicitada promoción, pero, como muchos, no pudimos disfrutar de los benditos helados porque no había ningun triciclero con productos interesantes. Los que tenían eran los que costaban 1 sol o menos y con eso se armó el lío.

Twitter y Facebook se llenaron de comentarios negativos contra la promoción y también contra la marca. Creo que algunos escribieron aún con el dolor dentro así que tacharon a la promoción de "estafa" y de una burla. No quisiera pensar que una empresa seria haya cometido una estafa tan tonta, pero al menos sí sé que varios consumidores nos quedamos con la frustración de no poder adquirir un producto de la promoción.

No sé si a D'Onofrio le falló el cálculo de cuál iba a ser la demanda, o si, como algunos insinuan, muchos de los tricicleros se quedaron con los helados más caros para ganar vendiendolos luego a precio normal. Puede ser ese tambien el caso.

Lo bueno es que es la primera vez que veo en acción a las redes sociales, al Twitter e incluso la edición electrónica de un diario captando el malestar prácticamente en vivo y en directo. Eso nos dice que hemos avanzado en la forma de comunicarnos y de reclamar también. Indecopi y Aspec ya han comprometido su presencia en el asunto y creo que eso es una prueba de la potencia que ha alcanzado la web 2.0.

Incluso este espacio, este blog, es fruto de esa necesidad que muchos sentimos de comunicar cosas y actos tan simples como la imposibilidad de comprar un helado al precio prometido.

lunes, 9 de febrero de 2009

¿Difundirías una primicia que propicie la quiebra de un banco?

Hace unos días un amigo me comentó que el editor de economía de la BBC se encontraba cuestionado. Él se había enterado en 2007 que un banco (el Northern Rock de Inglaterra) se encontraba negociando un préstamo para reforzar su posición financiera y, como periodista que es, publicó la noticia. El resultado fue que un significativo número de clientes del banco -miles de ellos, en realidad- decidieron retirar su dinero del mismo, lo cual evidentemente no agradó a la entidad financiera.

¿Actuó correctamente el colega? ¿Qué harían otros periodistas en su lugar? Es difícil contestar, pero una pregunta similar –la que proporciona el título a esta entrada– fue la que hizo Pedro Salinas en su libro “Rajes del Oficio”, volumen I y II, a un grupo de los periodistas peruanos, bastante representativos del gremio.

A continuación las respuestas, algunas de las cuales son bastante cortas pero contundentes.

Álvaro Vargas Llosa
“Si es cierta, sin duda”.

Beto Ortiz
“Feliz de la vida”.

Raúl Vargas
“Sin duda”.

Rosa María Palacios
“Si”.

Aldo Mariátegui
“Me lo pensaría mucho”.

Jaime Bayly
“Si”.

Mirko Lauer
“Mi criterio ahí no es tanto ver la quiebra de un banco. Yo podría ver la quiebra de un banco sin derramar una lágrima. El problema es si la primicia permite que los ahorristas que han depositado su dinero salven lo que tienen. Si la primicia los va a liquidar a ellos, entonces me parece una irresponsabilidad”.

Federico Salazar
“Si la información que hay que poner y que revela que hay una irresponsabilidad en el manejo del banco, es necesario que ese banco caiga. Y si la Superintendencia de Bancos no lo cerró, pues que se cierre por el mercado”.

Juan Carlos Tafur
“Si”.

Jaime Bedoya
“Depende. La pregunta sería en todo caso ‘¿por qué lo haría?’. ¿Por qué hay un acto doloso e ilegal? En ese caso, obviamente la respuesta es sí. Pero no por tumbarlo porque sí, por tener el gusto de poner mi pie sobre la cabeza de dicho banco”.

Augusto Álvarez Rodrich
“Lo manejaría con cuidado extremo, con prudencia, igual que en el hipotético caso del presidente de la República. Trataría de causar el menor daño, pero no evitaría dar la información si esta es real y está bien verificada. Además, los bancos no quiebran por una noticia periodística, sino por algo muy erróneo que hayan hecho”.

Cecilia Valenzuela
“En tanto haya un acto de corrupción detrás, sí”.

Jaime de Althaus
“No”.

Enrique Zileri
“Si se trata de un caso tipo BCCI, sí”.

Gustavo Gorriti
“Si es una información de cierta importancia, pero cuyos resultados van a ser que cientos o miles de personas inocentes pierdan los ahorros de toda la vida, es probable que postergaría la información hasta el momento en que ocasionara menos daño. O al revés, si al propalarla se pueden evitar daños mayores que el de la quiebra, hay que darla. Entonces, hay que contrapesar el bien que la información puede dar contra el daño que puede ocasionar. En estos casos, no estamos hablando de acciones reflejas. Tiene que haber criterio e inteligencia antes de soltar este tipo de informaciones”.

Fernando Ampuero
“Es muy probable”.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Flojo enero

Como era de esperar enero ha sido un mes con poco movimiento. Las conferencias de prensa han sido pocas y generalmente -como siempre- justo cuando nos encontrábamos en el cierre, así que no hemos ido a ninguna hasta el momento.

Me extraña sobre todo que las empresas de tecnología -tan dadas ha hacer conferencias- no hayan tenido mayor actividad en el primer mes del año. Espero que en febrero la cosa cambie, porque la verdad ya me estoy aburriendo de estar sólo en el oficina, necesito salir y ver a la gente, escuchar las novedades y escribir sobre cosas interesantes. Quizás de esto tambien tenga algo de culpa la crisis internacional. Quizás los presupuestos para conferencias se han reducido o las harán sólo en forma "virtual". Ya veremos cómo va. Espero que mejore.

martes, 27 de enero de 2009

Año Nuevo

Otro de los eventos recordables del año pasado fue el fin de éste. No sé si cuando niño de milagro me salvé de no dañarme al haber reventado tantos cohetes, cohetones, volcanes y demás explosivos que mi padre me compraba faltando 15 minutos para las 12 de la noche, pero lo que sí recuerdo era que me divertía mucho. Al ver cómo jugaron los chicos en el barrio de Liliana, el último 31 de diciembre, recordé por un tiempo que yo también hacia eso: hacer estallar cosas (la tetera de mi abuela, por ejemplo), prender fuego al muñeco del año viejo, lanzar "silbadores" a la calle, etc.

Ahora sabemos que es demasiado riesgoso enseñar a nuestros hijos aquello que nuestros padres nos mostraron como jugando. Son otros tiempos, pero por unos minutos el olor a pólvora, el sonido de las explosiones y las luces me hicieron recordar los viejos tiempos.


Año nuevo en la casa de Liliana