jueves, 31 de agosto de 2006

Paraíso Ahora

El título me recordaba la película “Apocalipsis Ahora” y creo que por eso me atrajo en primer término. Luego descubrí que la película tenía otros atractivos, como el de haber ganado un premio a mejor película extranjera, y por su puesto haber sido bendecida con las palabras favorables de los críticos. Dos argumentos que me hicieron acercarme al cine y averiguar un poco más sobre ella. Valió la pena.

“Paraíso Ahora” describe el conflicto entre palestinos e israelíes pero desde la perspectiva de dos “mártires” árabes, es decir, de dos hombres-bomba –dos jóvenes-bomba, en realidad– que se encuentran convencidos que aquella era la única forma de luchar contra la ocupación.

La trama es interesante pues nos presenta, sin ánimo propagandístico, la psicología de los personajes, su contexto, la opresión que sienten de parte del ejército israelí y las historias internas que se tejen debido a un contexto de ocupación y guerra. Los chicos trabajan como mecánicos –“cachuelean”, diríamos en peruano– para sobrevivir en su país. Uno se encuentra totalmente convencido de la necesidad de inmolarse, o por lo menos eso aparentaba, y el otro, aparece convencido a medias, y se le aprecia más bien obligado por las circunstancias –su padre había colaborado con el enemigo y por ello fue fusilado– a limpiar el nombre de su familia.

La película es lenta, pero discurre efectivamente a través de la vida de estos dos amigos, de los preparativos para el atentado, y de lo que ocurre luego, y que no voy a contar, por obvios motivos. Una de las partes que más impacta es el momento anterior al atentado. Uno de los mártires le pregunta a su jefe terrorista qué pasaría luego de la explosión y él les responde “dos ángeles bajarán para llevarlos al Cielo”. Ese es el paraíso del cual habla la película.

viernes, 4 de agosto de 2006

Conjuntivitis

Algun chistoso me puso un tarrito.
El pasado 15 de julio fue el primer cumpleaños que la pase enfermo. La conjuntivitis me tuvo loco por dos semanas y para colmo de males cayó justo encima de mi onomástico. El resultado fue un sábado en el que me la pasé escuchando el televisor (no lo podía ver obviamente) y tratando de adivinar que cosa me ponían delante para comer.

Por primera vez me di cuenta que tan importante es ver la comida para disfrutarla. Tan solo los cuidados de mi familia, el avance de la medicina y la buena voluntad de los amigos me hicieron pasar sin mayores apuros mi corto tiempo de ceguera. Algunos enajenados aprovecharon la situación para tomarme fotos indignas (que muestro como prueba) en la que dan a entender que mi enfermedad y los anteojos oscuros que llevaba puestos (y un tarrito que pusieron a mis pies) me hacían ver como esos invidentes que limosnean por el centro de Lima.

Felizmente ya todo pasó. Me tuve que desaparecer un par de semanas de los amigos y de la diversión –que en mi caso es ir al cine, nomás– pero voy a retomar mi vida cotidiana. Ya cerramos la edición y viene el fin de semana. Ya les contaré como me fue en mis Fiestas Patrias, pero les puedo ir adelantando que la pasé bien, con mi delgada en Huaraz…